La leyenda budista y los gatos

Cuenta la leyenda que un día un gato se posó encima de Buda que estaba meditando y cuando éste terminó vio que el felino seguía dormido encima de él. Para no despertarlo, recortó su túnica y dejó que el gato siguiera durmiendo.

A partir de entonces, este gato empezó a formar parte de las meditaciones con el maestro, pero cuando el maestro falleció decidieron seguir haciendo las meditaciones con el gato.

Esta historia se fue extendiendo a otros templos y los gatos empezaron a ser indispensables en los monasterios budistas, es más, hicieron informes sobre los beneficios para el cuerpo y la mente que tenía compartir y meditar con felinos.

Pero entonces la historia cambió. Le tocó asumir el rol de Buda a un alérgico al pelo de gato y los desterró completamente de los monasterios.

Durante esa época surgieron tratados en contra de los felinos y del budismo zen sin necesidad de ellos.

Hicieron falta tres siglos para que los gatos recuperaran su trono al lado de los budistas y a día de hoy vuelven a tener la importancia que antaño se les dio.

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